ATEO PUSO BOCA JOVIAL A IVO JACOBO SU POETA
...ABAJO LA ALOJABA...

20120127

VTP I

No sabía que Rilke había escrito cuentos. Hoy es viernes, ya, me parece. En una locura se ha convertido mi existencia. Y es que nadie puede parar a los vientos! Lo saben!
No importa cuántas veces compruebes con una acción las enseñanzas de la experiencia, pues será como si probaras su sabor por primera vez de todas formas.
Sé que en este remolino mi vida cambia brutalmente de lugar. Lo que no sé es para dónde. Poco a poco se me han ido agotando los backups. Me queda Krisna, pero aún me resisto a dejar de consumir venenos y a abandonar a la deriva mis preciadas cosas. El león me mira sonriente, recargado en su brazo izquierdo, como esperando a que le de una respuesta que parece conocer. Les va el de Serpientes de plata de nuestro bien anteriormente citado amigo Cho.

Serpientes de plata
Nocturno

A través del bosque negro y alto pasa en silencio la noche de San Juan, solitaria y azul...
Esparce plata sobre el sendero surcado de raíces como venas.
Susurra en voz baja. Cuenta a las temblorosas flores historias de paz y felicidad. Y su voz resuena entre el sigiloso murmurar de las ramas, dulce como las campanas de la iglesia de la aldea en domingo.
Silencio alrededor...
Tan silencioso como el diminuto corazón del inocente niño de ojos azules, tan silencioso se extiende ahora el infinito mundo nocturno...
Allí... pero un imponente terraplén gris corta el bosque.
Al otro lado del dique se deslizan dos serpientes centelleantes.
Ay, parece que esas serpientes pudieran turbar la paz...
Un hombre sale del bosque.
La desesperación deforma su rostro.
En silencio contempla de arriba abajo el terraplén.
En silencio levanta los ojos al cielo.
¡Todo ha terminado! ¡Todo!
Ya no quiere, ya no puede vivir más.
Dos lo han llevado a la tumba: su mujer y su esperanza.
Las dos han muerto.
Es verdad que todavía tiene una madre; pero ella no lo conoce ya.
Él la irritó; contra su voluntad, tomó una mujer.
No, su madre... no lo conoce...
No tiene a nadie. A nadie...
Porque tampoco se tiene a sí mismo.
Se ha... perdido y está... corrompido...
...Y se hiela en la acariciadora noche de San Juan.
Esparce plata sobre el sendero surcado de raíces como venas.
Guarda silencio. Las flores sueñan. Sueños de paz y felicidad.
Gris, corta el bosque un escarpado terraplén.
Informe y despedazado, un cuerpo oscuro y sanguinolento...
Y la sangre gotea roja sobre el dique hacia el silencioso valle...



Este miedo maldito a perder las cosas que amo me sumerge en la miseria de la tristeza autocompasiva. Sucede que todos mis intentos por preservarlas se ven frustrados en la oscuridad de las mentes ajenas, así que me vuelvo a sentir como un bebé que quiere su chupón pero su madre se lo quita porque se le pueden enchuecar los dientes.
Hasta aquí vamos bien, no? Claro que sí. Ahora, ¿qué pasa cuando la mamá de Rilke lo viste de niña? Probablemente nada, Carlos Diego dijo que era común de alguna época esa manera. Antonio Pau me dijo que le había causado conflictos existenciales.
No tener cenicero ahora me está causando terribles conflictos existenciales.
Escucho los motores rugiendo durísimo allá por... Churubusco? Dios los guarde en su santa mirilla de cuidador. Cuando aceleran más de 80 yo me cago, así que comprendan que me preocupe como señora -además de que hasta Senna murió así-, cabrones hijos de la pedos irresponsables.
Y esos mismos me dicen que debería de valorar mi vida.
Con Krisna las cosas serían más coherentes.

Me odio por ser culpable, y soy culpable porque me odio.

Verán, si no me amo no puedo amar al prójimo, por lo que genero sentimientos encontrados.
Y no me amo porque no tengo lugar en este mundo, y si no soy útil nada más estorbo. Eso significa que me declaro incapaz para la vida, puesto que no tengo idea de qué hacer con todo esto, lo que desemboca en la frase de señora que reza: amores son acciones y no buenas razones, requisito indispensable para el buen desempeño del habitante.
Mi hermano acaba de decirme que ya no me tiene respeto; ni a lo que digo, ni a lo que hago, ni a lo que elijo. Evidentemente me engancho en el lío a la menor oportunidad.
Quizá tengo pensamientos de fuego para parecerme interesante.
Objetivamente, la humanidad me parece una chingadera. No es que me excluya, simplemente digo por experiencia que es posible nacer con valores imposibles de respetar en este lugar. Y rayos, aún así encuentro entre la gente a gente como yo. Se siente bien. Muy bien. Pero eso no significa que dejemos de estar solos. Por algo somos quienes somos, y eso engloba la soledad.
Quiero a alguien que cuide de mi ser solitario, pero creo que eso de querer no va con la personalidad primitiva. Probablemente no sea el camino. Después de todo, revisando los casos del pasado, todos han fracasado. Todos, excepto el que narra Jack London en El Vagabundo de las Estrellas. Esperanza rebrota a un lado de su ramaje reseco.
El problema es que no reúno las ganas para regarla constantemente.
Y que me creo el cuento de que el único motivo suficiente para hacerlo es amar a ése alguien, que no sé si conozco, si lo he visto, esté muerto o sea de otro mundo.

Depresión por todo lo que pasa. Los coches, el derrame del golfo, la mayoría de la tierra pavimentada, la caza, la pesca, la ganadería, mi familia, el dinero, las aguas embotelladas, mi eterno retorno al punto en el que me dicen que no me sienta Dios y no trate de resolver todos los problemas del mundo; recitando las palabras con cara de para de mamar. Pero por Dios, ni siquiera me siento apta para resolver los míos.

No sé ser.

No puedo tomar partido en un juego que no me parece sano jugar.
Y lo que observo produce en mis ojos maremotos. Pero todos quedan tranquilos e indiferentes, "seguimos saliendo, bebiendo, fingiendo hallar el bienestar" (NS), y en el más movido de los casos, alguien se atreve a reprocharle algo a otro alguien igual que él.
Y lo más mierda de todo es que disfruto el conflicto porque eso provoca en mí al menos la necesidad de -hacer-, escribir algo; contarlo todo.
Es que la magia sin dirección no sirve para nada.