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Bolsa de trabajo

Uno de esos batos que se avientan en vidrios de chela. Tiene la espalda hinchada y con sangre en los costados. Me gusta; además de que va medio desnudo por doquier, es la subversión personificada. Y de una delgadez despampanante, como si desde siempre hubiera pasado hambre. Es de esos entes que las señoras evitan ver a toda costa. El sonido del golpe de su cuerpo contra los cristales en el piso obliga a los sensibles a cerrar los ojos. La verdad desde que me subí me dieron ganas de besarle las heridas y decirle que mejor rapeara o algo por el estilo. Quizá incluso le darían más dinero si sólo lo pidiera.  Es muy interesante.  Su forma de odiar a la raza humana y autocompadecerse se ha convertido también en su fuente de ingresos.

Exquisiteces culinarias

Últimamente he desayunado cosas harto sofisticadas. El desayuno del campeón, por ejemplo, se toma por la tarde y debe acompañarse inexorablemente con alcohol. Para el ejecutivo uno ha de estar parado y sostener su plato. Su principal constituyente es la tortilla y es preciso que chorree en grasa. El de refugiado en ataque zombie consiste en una lata de lo que sea, pero son más divertidas las de vegetales. Imagino una velada romántica lata de chícharos en mano. Recuerde no meter la lengua al envase porque se puede cortar la lengua... Yo sé que todo esto a ustedes les importa un comino, pero con una pizca de pimienta y un poco de aceite de oliva sabría mucho mejor. 

Visiones por la ventana

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9.30am. Una mujer de veintitantos y una carriola. Para y camina al frente para ver a sus dos pequeños hijos. Sonríen. Regresa a empujar la carriola sonriente. Me nota y sostiene la mirada muy seriamente, como si de una amenaza se tratase. 11pm. Tres batos en una moto. Una patrulla. Se detienen. Les piden los papeles. Hablan. Los dejan ir. Me piden mi número. 11.30pm. Un hombre gordo con chamarra larga merodea en la esquina de en frente. Parece que diera vueltas en círculos en torno a la moto del vecino. Fuma. Fuma con ansias. Pasa una señora con su hijo. Un coche... no mucho más. Al poco rato enciende la moto y se va. Después se asoman los vecinos de en frente. Muy tarde, al parecer.

La pura zanahoria qué.

Hoy la gente me mira mucho, y cuando eso pasa, siento que todos ellos forman parte de una red compleja de culeros que planean, cuando menos, burlarse de mí. Si bien eso podría develar algún padecimiento mental de mi parte, obviamente ese no es el punto. Inmersa en la paranoia habitual, creí esar frente a la hermana de un hombre con el que salí fugazmente. Primero vi a la chica que la acompañaba, pero no era tan guapa como la presunta hermana, así que no me distrajo mucho. Me tranquilicé formulando la siguiente pregunta: "no mames, ¿qué carajo haría una Persona de su Envergadura viajando en el Apestoso metro del DF? La supuesta me volteó a ver y empezó a contarle algo a su amiga. Yo no me molesté en quitarme los audífonos sino en hacerme la digna. En poner cara de sí y qué. Qué más se puede hacer en todos esos casos. Terminó la canción y alcancé a oír una frase incitante como "¡qué tal!" o algo por el estilo.  Qué tal... Mi estómago ardía así que compré una b...
Huelo insecticida en este momento. Mi garganta se siente mejor que nunca. Lo feo de esto es que no nos pasa nada digno de trascendencia ni a las moscas ni a mí.

Ocio puro

Nunca pude completar una de esas torres de naipes cuya edificación nos legó el ocio de nuestros antepasados. Algún amigo, invadido de voluntad pedagógica, me explicó una vez que el truco consistía en doblar ligeramente las cartas, de tal forma que cada una de ellas se sostuviera sobre su propia base curva. Cuando lo intenté de nuevo me di cuenta de que ninguna técnica le quitaría lo aburrido al empeño: a punto de terminar, derribé la estructura en pleno uso de mis facultades mentales y me fui a hacer otra cosa. Ese era mi problema y no otro; el renovado hartazgo en mi ánimo, luego de unos minutos de intento. Aquella minuciosidad no valía la pena, pues el resultado era previsible: una construcción desangelada, una mini piedra de Sísifo hecha para su destrucción sin sentido y eterno reinicio. El aliciente era tan vano que ni siquiera me podía imaginar orgulloso, al final del esfuerzo, por haber generado en el espacio un patrón de elementos tan común como la superposición triangulada de...

Periferia.

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Lo que no tiene nombre (wu ming), es el principio de todos los seres. Lo que tiene nombre (you ming) es la madre de todas las cosas. Lao Tsé. Wu Ming sí existe. Y yo lo vi. Se me puede creer por que, ya lo sabemos; en esta bonita época ninguno de nosotros miente. Él bebía una copa de whiskey en el bar de enfrente cuando lo reconocí. Y no podía dejar pasar la oportunidad de pedirle un autógrafo. Su mirada fría no se separaba de mis ojos. Yo continué sin pena y le pedí que me firmara una servilleta, pero no pude decir más porque el puñetazo con el que puso fin a mi alabanza fue tan duro que aún ahora tengo la sensación de que me hubiesen arrancado la nariz. Mentí, lo confieso. Ni autógrafo, ni bar enfrente, ni nada. Wu Ming no existe. Wu Ming no es nadie. O, mejor dicho, es varias personas a la vez. Esto lo convierte en un don Nadie desde el punto de vista del sujeto como entidad independiente. Nuevas mentiras. ¿Importa si Wu Ming existe o no? No lo sé. Y es ...