Estoy acá porque no puedo estar allá. Mi dedo gordo del pie da asco. La bandera de México ondea en lo alto de la casa del vecino, que justo da a mi ventana. Sábado de comida familiar. Una familia que no es la mía, por supuesto. Pues ya me bañé. Quisiera quedarme en casa y podrirme en mi miseria. Al menos tengo plantas y casi todo está en orden. Odio que pasen coches oyendo cumbias a todo volumen que me recuerden la ridiculez de mis amores. Amor de mis amores. Hay personas que nacen con nariz de payaso. Mis libros están ordenados por editorial y por número. En la radio un tío dice mu-mu-mu-fallezcamos. Pienso en mi hermano el más drogadicto. Llegando hiperactivamente a casa de mi papá. A la comida familiar. Saca un vaso mientras habla pendejadas y actúa muy cul. Escucha a los demás, se interesa por los demás, pero no por eso va a dejar de pensar en los hielos. Todo cambia radicalmente cuando terminas de servirte la primer cuba y le das un trago. Pero no, ese era cualquier otro inte...
¿Puedo ser yo sin que me maten? No, no creo. Pero y si me matan qué. Siempre pienso en el dolor de la gente cercana porque me educó puto Disney. Pero no. Incluso el dolor se agrava cuando vives muerto para evitar morir. O no sé, pregúntenle a la novia de Snowden. Estoy paranoica. Pero ya me di cuenta que sin razón, porque los grillos frotan sus patas. Cuesta trabajo aceptar que una de las personas que más amo les eche insecticida. Tengo problemas con distinguir la ética de la moral. Tengo problemas éticos y/o morales. Escribo aquí y lo veo como un retroceso. Es que todo está dicho y todo está hecho un desastre.
Hace frío. Todos quieren comer YA quesadillas. Juanita no sabe qué hacer. Se las podría dar ahora, pero el queso no se ha derretido y la tortilla sigue aguada. Se quejan de que tarda mucho. - Juanita, no tardes tanto... Pero es que Juanita no tiene nada que ver con el turning point. Sigue haciendo frío. Juanita se pone una cobija de capa. Comieron como animales. Restos de guacamole por doquier. Decadencia por donde se mirara. Juanita también comió, aunque menos. Ella picaba que una tortilla por acá, que un trozo de queso por allá. Perderá los dientes. Eso le aterra, pero no puede dejar de echarle salsa al taco de queso. O de papa. O de lo que sea. En realidad ella le echa taco a la salsa. Colapsa. Lentamente, muy lentamente, casi imperceptiblemente, pero colapsa. -Y qué más da mi arruga si mi entrega es ciega, si el universo es la canica con la que alguien juega-, cantan por ahí. Ya qué más da, todo es hipster. Juanita se pone una cobija de bata mientras lava los trastes...